martes, 24 de marzo de 2009

Cálculo mental

Si os pongo el siguiente problema: un niño de 120 cm de altura con una brazo de 48 cm de longitud lanza una pelota de radio 4 cm desde una posición elevada 20 cm respecto a la tuya, con una velocidad de algunos km/h y en dirección y sentido mas o menos hacia ti, formando un parábola suave mientras una suave brisa sopla en dirección contraria, ¿donde tienes que colocarte para poder atrapar la pelota sin dificultad?
Dificil está la cosa ¿no? Bueno, pues simplifiquemos un poco y demos más datos: la pelota sale desde un metro de altura, con una velocidad de 70 km/h y con un ángulo de 55º respecto la horizontal. Despreciemos el rozamiento y el viento... ¿a que distancia caerá la bolita?
Después de buscar arduamente por google, libros antiguos de texto, enciclopedias temáticas, etc... puede que lleguemos a una conclusión acertada.
Pero estos cálculos son lo que hace el cerebro en milésimas cada vez que alguien nos pasa una pelota. Asombroso ¿eh? ¿Os habiáis parado a pensar alguna vez en esta capacidad? Pues mantener el equilibrio mientras se camina o se sube una escalera tampoco es tan fácil de calcular... ahora algún robot ya lo consigue, pero nuestro cerebro desde pequeño tiene esa capacidad. Uno de los datos que usa el cerebro para poder atrapar una pelota es la inclinación de la cabeza respecto a la pelota que seguimos con los ojos (difícilmente la atraparemos con los ojos cerrados) Si queréis un día probamos... yo os tiro la pelota.
Pero, ¿realmente el cerebro calcula todas esas constantes o simplemente aprende por medio de repetición a realizar una sencilla actividad? En cierta manera sí, aunque no tenemos al viejete de barbas garabateando en el interior del cerebro con lapiz y papel.
El movimiento y velocidad de la cabeza y de los ojos siguiendo la trayectoria de una pelota que viene hacia nosotros es intrepretado por el cerebro, el cual nos permite saber la posción correcta para la recepción. Pero esto no siempre es fiable. Si el ángulo es demasido alto, la velocidad de movimiento de la cabeza y los ojos esperando la pelota es casi nula, por lo que el cerebro no interpreta bien la información, pues siempre es la misma (la única referencia es el tamaño de la pelota), la pelota se va acercando más lentamente de lo que en realidad lo hace. Posiblemente por eso mi compañero de frontón falla tanto cuando le vienen altas ;-) Puede que una manera de arreglar esto sea desplazarse hacia un lado y entonces correr hacia la pelota, teniendo de esta manera más datos para procesar y calcular de forma continua la posición de la pelota.

Que tedioso sería un partido de basquet si nuestro cerebro no fuera capaz de hacer esto, se pasarían el partido buscando la pelota.

1 comentario:

Titajú dijo...

Pues si me pones ese problema, suspenderé como siempre porque las matemáticas y yo nos llevamos fatal.
Y eso que dices que el cerebro lo hace solito... algún día te presentaré al mío. Nunca fui capaz de darle con un bate a la bola cuando jugábamos al "Beisbol" de peques, y ya no digamos pillar la pelotita de baloncesto sin romperme una uña.
En fin, algún día hablarás de algo que se me dé bien, y pueda opinar, como comer pipas o gandulear.
Espero ansiosa.