
Nuestro amigo Diffie se centró en el problema de la distribución de claves en cuerpo y alma. Y así un día le vino a la mente una gran idea. Un nuevo tipo de cifra, una cifra asimétrica.


En la naturaleza, los árboles succionan grandes cantidades de agua a través de sus raíces para llevarla después hasta sus hojas, situadas a varios metros de altura del suelo, gracias a la capilaridad.
Esta cualidad se produce cuando las fuerzas intermoleculares adhesivas entre el líquido y el sólido son mayores que las fuerzas intermoleculares cohesivas del líquido, lo que permite que se produzca la succión del agua hacia arriba, incluso en contra de la gravedad.
Ahora, científicos de la Universidad de Rochester, en Estados Unidos, han creado una losa de metal que puede hacer circular el agua en dirección ascendente usando este mismo principio de la naturaleza, aunque a una velocidad que la propia naturaleza envidiaría. Los resultados de la investigación se han publicado en Applied Physics Letters.
Según informa la Universidad de Rochester en un comunicado, la técnica podría resultar muy valiosa para lograr bombear cantidades microscópicas de líquido en un chip de diagnóstico médico, para enfriar un procesador informático o para convertir cualquier metal simple en una superficie anti-bacteriana, por ejemplo.
Chunlei Guo, profesor de óptica de dicha universidad y autor de la investigación señala en dicho comunicado: “Nosotros podemos cambiar la estructura superficial de casi cada pieza de metal para controlar la forma en que el líquido interacciona con cada una de ellas. Podemos incluso controlar la dirección en la que los líquidos fluyen”.
Para lograr esta proeza, Guo y su colaborador, Anatoliy Vorobyev, utilizaron una pulsación ultra-rápida de luz láser que hicieron incidir sobre la superficie de un metal. Por toda la superficie de este metal formaron así, a nano y microescala, agujeros, glóbulos y hebras.
El láser utilizado fue un láser de femtosegundo, que produce pulsaciones de una duración de sólo unos pocos cuatrillones de segundo (un femtosegundo es a un segundo lo que un segundo sería a 32 millones de años).
Durante sus brevísimas explosiones, el láser de femtosegudo utilizado despliega tanta potencia como la que despliega la red eléctrica norteamericana al completo, toda ella focalizada en un punto del tamaño de un punto de aguja, explica el científico. A pesar de su increíble intensidad, el láser se activa mediante un enchufe de pared corriente.
fuente: faq-mac.com
Como veo que no ha habído muchas ideas al respecto de la pregunta que formulaba en el anterior capítulo, vamos a intentar explicar la respuesta. Como siempre hay un cerebrito detrás de estos misterios , en esta ocasión se llama Whitfield Diffie. Diffie se sintió cautivado por el problema de la distribución de claves y quiso pasar a la historia como uno de los mejores criptógrafos de todos los tiempos, y así se puso manos a la obra.
Bueno, después de tanto tiempo seguro que pensábais que os había olvidado. Pues no, y vuelvo al ataque con la criptografía, pero ahora entrando de lleno en la era informática.
Dejamos a un lado la guerra en Europa y nos desplazamos hacia el pacífico donde los norteamericanos tambien luchaban contra la cifra japonesa llamada Purple, la cual al igual que la Enigma fue descifrada durante el transcurso de la guerra. Pero no nos detendremos aquí sino en el bando contrario, en el sistema de código norteamericano, y no en sus máquinas de cifras como la SIGABA. Esta era más compleja que la Enigma y no llegó a ser descifrada. El problema era la lentitud en la comunicación. Al igual que la Enigma el mensaje debía de ser tecleado letra a letra, transmitido por radio y posteriormente descodificado de la misma forma por el receptor. En situaciones límites en primera linea de fuego no había tiempo para todo esto y muchas veces se utilizaba el inglés de calle, cuanto más basto mejor, pero muchos japoneses dominaban el inglés y la información caía en sus manos.